Siguiendo los pasos al jardín del edén.

jueves, 31 de diciembre de 2015

GUAU.

Guau. Otro año más, así, sin más.

Si bien es cierto que hoy es por excelencia el día para hacer balance del 2015 yo no sé muy bien qué deciros.

Quizá debería empezar por que este año me ha regalado una de las mejores historias de amor que podría haber soñado. Eso lo tengo tan claro como que hoy es 31 de diciembre. Una relación de 6 meses que me hizo vibrar. Es tan simple y tan complejo como decir que fui feliz y por el camino aprendí muchas cosas acerca de  mí misma. Siempre te estaré agradecida por ello, D.

Los últimos seis meses del año han sido un auténtico caos. Superar una ruptura no es tarea fácil pero doy gracias por haber tenido tan buen criterio a la hora de elegir a mis amigos. Una vez más, me salvaron. Y, a pesar de todo, éste fue el mejor verano de mi vida. No tuve ningún hombre a mi lado y me dí cuenta, por fin, de que a quién más debo querer, es a mí misma.

Cuando el calor huyó cobardemente por la puerta de atrás tuve que tomar una decisión que cambiaría mi vida. Mudarme. 

Cáceres me acogió durante lo que a mí me pareció una eternidad. 5 años increíbles, de los que te cuesta separarte. Pero a veces, tu vida llega a un punto de inflexión donde debes elegir entre lo que quieres y lo que es mejor para ti. Increíblemente conseguí decantarme por la segunda opción, no sin esfuerzo. 

En mi segunda casa dejé muchos recuerdos, muchas personas, pero Madrid se presentaba como una oportunidad perfecta para seguir adelante, y como me alegro de haber subido a ese tren. 

No empezamos con buen pie. Yo venía reacia y ella era una auténtica desconocida pero día tras día Madrid trabajó duro para ganarse mi confianza y aquí me veis, enamorada hasta las trancas de sus rincones.

El año pasado hice un canto al amor, al empezar de cero y muchas otras mierdas que debo admitir que se han cumplido. Así que, no sé si este año ha sido bueno, o malo, pero lo que si tengo claro es que quiero un 2016 al menos la mitad de intenso.

Quiero enamorarme y que me rompan el corazón si es necesario. Quiero equivocarme, muchas, muchas veces, para aprender a base de tropiezos cuál es mi camino. Quiero vivir, quiero reír, quiero llorar, quiero sentir.

2016, aún no nos conocemos, pero te prometo, que voy a darte lo mejor y lo peor de mí misma. Estoy deseando conocerte.

lunes, 19 de octubre de 2015

Tengo mariposas en el cuerpo y una copia de tus cicatrices.

Silencio.
Orgullo herido.
Perderme hasta que me eches de menos.
Encontrarte en mis cuadernos.
Desdibujar tu cara con otros besos.
Soledad, de esa que duele más acompañada.
Viajar por tus lunares hasta la curva más bonita; tu sonrisa.
Sacarte de aquí.
Huir.
Traspiés y me detengo.
Te busco de nuevo en otros brazos.
Te veo.
Tiemblo.
Sollozo y por fin respiro.
Tengo ganas de besarte.
Me contengo.
Madrid no es buen lugar para escapar.
Te veo en parejas que se quieren.
Te veo en mi casa cuando llueve.
Te sueño.
Miedo a esperarte y a la oscuridad.
Dejo de suponer que volverás.
Madrid es un buen lugar para olvidar.
Y como en un suspiro... supongo que te olvidé.
Miedo a ser feliz.
Cosquilleo.
Nostalgia, ceniza en la cama.
Te escribo y no me salen las palabras.
De nuevo agujero.
De nuevo húmedo.
De nuevo sin luz.
Por culpa de la poesía.
Cadenas y candado.
Caparazón.
Un para siempre desde mi boca hasta tu ombligo.
Aunque tengamos que aprender a ser amigos.
No siempre las cosas son como deben ser.
Yo aprendí a perder.
A ti te quedan aún primaveras que prender.
Ojalá seas feliz.
Envidio tu entereza.
Me gustaría que todo esto fuera una mentira.
Por suerte tengo amigas que me salvan el pellejo.
Voy a partirme en dos, voy a decirte "Adiós".
Ahora importo yo.
A veces pienso que no lo dimos todo en el intento de ganarle la partida al miedo.
He sido idiota.
Pude hacerlo mejor pero me faltó tu aliento.
No quiero que te quedes, no quiero que me dejes.
Follar hasta que se fastidie el pliegue de un colchón.
Borrándote de mí solo conseguí echarte de menos.
Tuve mucho miedo.
Me enfadé conmigo misma.
Dudando si volver a verte me estrellé contra el destino.
No es una tregua, es un encuentro.
A pesar de las heridas volvería hacerlo.
Esto es lo que siento.
Me jode, pero te quiero.
Todo lo que nunca hice bien te lo confieso en estos versos.




Ojeda, Ramiro y yo.





jueves, 5 de febrero de 2015

Sin olvidar que el ser humano es mentiroso por naturaleza.

Existen ciertos tipos de personas basado en el nivel de confianza que les permitan adquirir a las personas que los rodean y atendiendo a esa subjetiva certeza establezco la siguiente lista:

- Personas desconfiadas porque nacieron así: aunque este es poco habitual existe y cuando damos con este tipo de personas, normalmente, hagas lo que hagas nunca llegarás a complacer sus exigencias.

-Personas desconfiadas tras un previo engaño: uno de los grupos más habituales. A todos nos hirieron alguna vez pero hay personas a las que este hecho afecta tanto que nunca llegaran a superarlo del todo.

-Personas confiadas porque tienen fe en la humanidad: ingenuos como mi madre que de buenos son tontos y a los que los demás suelen tomar el pelo. En realidad es el mejor grupo, todos deberían ser igual pero la avaricia, el egoísmo y la vanidad han conseguido que este emblemático tipo de personas quede casi extinto, reducido a los pocos que nacieron para cambiar a mejor la vida de algunos como yo.

-Personas confiadas que fingen no serlo: y aquí es donde me incluyo yo, en el grupo más peligroso de todos. ¿Qué hay peor que fingir ser algo que no eres? Que dejes de fingirlo porque hasta tú te has convencido de que esa es tu realidad. Tu instinto ha quedado tan atrofiado por la presión a la que se encuentra sometido que ya no eres capar de distinguir entre realidad y ficción, entre mentira y verdad, entre sinceridad o simples halagos aduladores. A nosotros nos hicieron daño e incluso lo hicimos nosotros y aunque vayamos de fríos, pasotas y desconfiados nuestro corazón suplica por la llegada de alguien a quién poder entregarse ciegamente. Lo peor de esto es que puede entregarse a cualquiera, indistintamente, solo porque tú estabas muy ocupado en mantener tu mentira que no lo viste venir. Y entonces llegan las lágrimas, demasiado tarde.


Porque muchos te regalarán los oídos así que escucha, escúchalos, pero sin olvidar que el ser humano es mentiroso por naturaleza.




miércoles, 28 de enero de 2015

En ocasiones la respuesta es la salida.

Sería injusto pensar que yo lo hice todo bien
o que nunca llevé dragones hasta el pecho,
que por mucho que queramos
nadie es del todo inocente en una guerra.

Fui yo quien tuvo que entender entonces
que a veces hay tanto miedo, tanta duda,
tanto pasado, tanta herida,
que es imposible rebobinar y limpiarlo del todo.
Que a veces, llegados a un punto,
todo es mochila, todo es navaja,
todo es traducido al idioma del rencor
y yo fui incapaz de perdonarle los muros.
Él sí, y fue una gran lección.

Supongo que se podría resumir en tres frases:

Nunca pudo ser.
Si tenías la seguridad te faltaba la ocasión.
Si tenías la ocasión te faltaba la seguridad.

Así que no hubo otra puerta que fabricar una despedida.

Marwan.




miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014.

Es tan típico ponerse nostálgico las últimas horas del año... tan típico que realmente dudé en escribir esta entrada. Si algo persigo es la originalidad y no creía ser fiel a este principio publicando esto pero finalmente lo he considerado necesario. Necesario para terminar de cicatrizar viejas heridas, necesario para cerrar puertas inútiles, necesario pasar página y cambiar de libro. 
2014 no ha sido un gran año, no ha habido grandes días, solo buenos días, de esos que cualquiera podría tener con tan solo levantarse de la cama. 2014 me ha robado muchas sonrisas, bastantes lágrimas, aficiones, sueños, amistades, amor... pero en realidad no creo que eso sea tan malo. La felicidad no se entiende sin sufrimiento y esto me sirve para pensar que después de lo malo siempre viene algo bueno. Sí, ya no compito en una pista de voleibol pero sigo yendo al gimnasio. Sí, ciertas personas salieron de mi vida pero no fueron pérdidas, solo había que hacer espacio a las nuevas que entraban. 



En estos días he visto resquicios de lo que el 2015 me depara y, ¿la verdad? me gusta. Es pronto para anticiparse pero por el momento veo grandes oportunidades. Grandes oportunidades para hacer grandes cosas y abrirme a grandes personas. Porque lo que tengo claro es que voy a seguir arriesgándome. Arriesgándome a sufrir, o a no hacerlo, arriesgándome a todo y a nada, porque el riesgo siempre es de un 50%, o, como me gusta verlo a mí, tan solo de un 50%.  
Si algo puede salir mal no tiene porque salir mal, chicos. Que me hayan salido las cosas mal este año no tiene porqué ser un seguro de que vaya a seguir sucediendo en el próximo.

Así que este  ha sido mi año; complicado, difícil y doloroso en muchos aspectos, pero, como todos saben, soy una romántica, y voy a seguir creyendo que la felicidad está  a la vuelta de la esquina. Y yo, esta vez con una de las sonrisas robadas, la estaré esperando con los brazos abiertos, para recibirla así, a quemarropa. 



Porque nosotros solo somos recuerdos y yo quiero hacer maravillas de los míos.



sábado, 20 de diciembre de 2014

Jaime Sabines

"Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes. Te quiero como para salir a caminar, hablar de amor mientras pateamos piedrecitas. Te quiero como para volvernos chinos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa por las calles. Te quiero como para ir contigo a los lugares que más frecuento y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti. Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. Te quiero como para no dejarte ir jamás. Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás". 


jueves, 23 de octubre de 2014

Y todo se desvaneció devorado por el tiempo.

¿Qué pasa? ¿por qué un día te levantas feliz, contento por lo que tienes y por quién eres y al volver a la cama te sientes un intruso entre las sábanas de un completo desconocido? Un día tienes tu vida planeada, controlado hasta el más mínimo detalle y de repente en dos años que pasan como un suspiro vuelves la mirada y te encuentras con la nada; un completo caos. Como en el cuadro de Goya en el que Saturno devora a su hijo te das cuenta de que lo que quedaba de aquella chica dulce, agradable y disciplinada se ha desvanecido consumido por el tiempo, y lo peor: acabas de perder tu identidad. Ya no sabes quién eres, qué buscas, a dónde vas ni tan siquiera qué quieres.